TOMASSO CAMPANELLA

03.04.2014 09:01

LIBRO APOLOGÉTICO CONTRA LOS IMPUGNADORES

DE LAS ESCUELAS PÍAS (1631)


El manuscrito de esta apología de las Escuelas Pías fue hallado por el P. Leodegario Picanyol en el Archivo del Colegio escolapio de Cárcare en Liguria y fue publicado por él mismo en Ephemerides Calasanctianae en 1932. Su autor, el dominico P. Tommaso Campanella (1568-1639), uno de los más grandes filósofos de la primera mitad del siglo XVII, en el período menos desgraciado de su vida, después de su encarcelamiento en Nápoles, tuvo relaciones muy estrechas con las Escuelas Pías y su Santo Fundador y en el otoño de 1631 le dieron hospitalidad en el Colegio escolapio de Frascati, donde daba clases de filosofía a los juniores estudiantes de la Orden. Quizás a esa hospitalidad tan generosamente prestada por San José de Calasanz y sus hijos, además de la comunidad de ideas sobre los problemas sociales, culturales y pedagógicos más urgentes de la época, se deba el origen (en 1631 ó 1632) del presente opúsculo del filósofo.


Toda la obra, en la cual el autor se propone la defensa del Instituto de las Escuelas Pías contra las acusaciones de sus opositores, seglares y religiosos, consta de sólo dos capítulos, precedidos de una introducción. En el primer capítulo defiende el Instituto contra los seglares políticos y en el segundo rebate las objeciones de los religiosos. Tienen los dos capítulos la estructura de las cuestiones de la Suma teológica de Santo Tomás; esto es: expone primero las objeciones de los adversarios; viene después la respuesta en el cuerpo del artículo y refuta a continuación cada una de las objeciones.



El opúsculo tiene gran importancia para la Historia de las Escuelas Pías y de la primera Escuela Popular de Europa. Por el Liber Apologeticus, que así se titula, sabemos que el Instituto de Calasanz a los treinta años de su existencia tuvo que luchar todavía contra la incomprensión de los religiosos y contra la oposición de la burguesía y de la clase privilegiada de los nobles; en la obra se ponen de manifiesto los motivos de esa lucha. En esas objeciones se descubre todo el viejo mundo con su egoísmo, sus principios y sus privilegios, con una visión estrecha y limitada. En las respuestas y refutaciones se delinea claramente la finalidad del nuevo Instituto y la doctrina común de Calasanz y Campanella en torno a los más urgentes y principales problemas culturales y sociales de la época moderna.


La esencia de las objeciones se reduce a dos puntos: 1 °, el Instituto de las Escuelas Pías es supeifluo. 2°, es nocivo. Superfluo porque existen otras escuelas y otras Ordenes religiosas que atienden a las necesidades intelectuales y religiosas del pueblo; nocivo, porque enseñando a los pobres prepara la revolución social, invierte el orden social establecido por Dios, según el cual los nobles deben gobernar y ejercer la magistratura, mientras que los pobres deben cultivar la tierra y ejercer las artes mecánicas.

Demuestra, además, Campanella que el Instituto es más bien "evolución" querida por el mismo Dios, el cual por medio de la cultura del alma y del entendimiento realiza el progreso constante tanto de los individuos en particular como en la sociedad humana. La ciencia es la perfección del alma y del género humano por lo cual semejante revolución, lejos de perjudicar al Estado, asegura su desarrollo y perfección, le aumenta los recursos intelectuales y espirituales y perfecciona los materiales, mientras lo libra de una posible degeneración en tiranía que viene casi siempre como consecuencia de la ignorancia del pueblo. Defiende también al pueblo cristiano contra la herejía que con frecuencia se propaga por la ignorancia.


Hay una tercera objeción más "benigna" la cual para asegurar la acción benéfica, social y cultural del Instituto, con distintos pretextos quería que se limitase para siempre a la enseñanza elemental y que los maestros estuviesen apartados de las ciencias mayores. Los que sostenían esta opinión no querían aniquilar el Instituto, pero sí limitarlo y sofocarlo. Campanella da también su respuesta defendiendo todos los derechos de las Escuelas Pías y demostrando la utilidad del libre acceso a todas las ciencias, tanto por parte de los maestros como de los escolares.


Quien lee esta obra y conoce estas materias no puede dejar de constatar que ya en 1621, cuando San José de Calasanz escribió y presentó su Memorial al Cardenal Tonti, las objeciones contra el Instituto eran las mismas y la argumentación del santo casi igual a la de Campanella. Para convencerse de ello basta confrontar el Liber Apologeticus y el Memorial. Por lo cual es obvia la suposición de que Calasanz probablemente no sólo informó a Campanella de la tempestad desencadenada contra el Instituto y de los argumentos de los contrarios sino que le sugirió también las razones para la defensa del mismo. Es cierto que Campanella no necesitaba esas instrucciones, ya que su doctrina social y cultural, su programa y aun su método pedagógico, sus principios científicos ya expuestos en otras obras, particularmente en su Citta del Sole, coinciden casi por completo con la doctrina y los principios de San José de Calasanz.


Es muy probable que San José de Calasanz pidiese a Campanella escribiera el Liber Apologeticus para demostrar que uno de los descendientes de los philosophi recte sentientes de que habla en el Proemio de las Constituciones no pudo menos que aprobar cumplidamente su programa y su feliz actuación pedagógica.


La obra, además de ser una noble, generosa y concluyente apología de las Escuelas Pías es también una enérgica defensa de los derechos inalienables y de las muchas veces olvidada clase de los pobres. Campanella como Calasanz vio claramente los méritos imperecederos y los valores innegables de la misma y con la clarividencia de los hombres grandes previó la preponderancia que tendría en los acontecimientos sociales y culturales de los tiempos futuros.


Por fin, es difícil dejar de ver en esta apología un optimismo casi incondicionado respecto al progreso científico y cultural de la época moderna. Participa de ese optimismo, al menos en parte, S. José de Calasanz. En cuanto a la eficacia práctica del Liber Apologeticus, fue casi nula: doce, quince años después se lanzaban las mismas acusaciones contra el Instituto de San José de Calasanz; los escritos en defensa del mismo se valen de la misma argumentación.


La lucha por los pobres y por la cultura popular fue dura y larga; por momentos pareció que la Orden iba a naufragar bajo arremetidas tempestuosas; pero, por fin, venció la idea de San José de Calasanz. Sin embargo, el vacío histórico de tres centurias (1631-1932) en que no se cita ni publica este importante texto, hace sospechar si el propio Calasanz tuvo algún reparo que oponerle, como la insistencia en los estudios teológicos, cuando éste era un problema candente entre escolapios de la época -véase c. 1513 de 18.X.1630 y c. 2577 de 20. VIII.1636-.



PREFACIO



[1] Nunca el mundo ha recibido con gusto, desde un principio, a los que Dios ha suscitado como fundadores de grandes obras útiles para beneficio de los mortales: casi siempre lo ha hecho con indignación y repugnancia. Lo atestiguan las escuelas de los grandes filósofos, los legisladores célebres, Moisés, los Profetas y los Apóstoles con su martirio. Hasta nuestro Señor Jesucristo, Sabiduría de Dios, razón eterna creadora y gobernadora de todas las cosas, cuando apareció en carne mortal trayendo la redención del mundo y la expiación a los hombres, confirmó esta verdad en el patíbulo de la cruz. Los que siguiéndole a El han fundado Ordenes Religiosas nuevas han sufrido oposiciones no pequeñas de parte de los mismos cristianos. Testigos de ello son Santo Tomás y San Buenaventura, en los opúsculos que escribieron contra los impugnadores de la Orden dominicana y franciscana. Ni los jesuitas ni otras Ordenes posteriores, se vieron libres de persecuciones. No es, pues, de admirar que en nuestro tiempo el Instituto de las Escuelas Pías, utilísimo a la república y a la religión, sea perseguido por los seglares y por religiosos.


[2] Nosotros, que no solamente por la historia de los demás, sino por las tribulaciones propias, hemos aprendido que no son acusaciones sino calumnias las que se lanzan contra los bienhechores del mundo, como más ampliamente hemos demostrado en el comentario, en el que hombres óptimos, beneméritos del género humano en las circunstancias difíciles de los tiempos, fueron sometidos a la calumnia de haberse producido contra Dios y el Rey, sufrieron persecución y muerte, y luego resucitaron llenos de fama y gloria, y los que el mundo persigue con azotes, luego los ensalza con veneración y honor; hemos querido acallar las murmuraciones de entrambos. Por lo cual, refutaremos con razones primero a los seglares, ayunos de verdadera ciencia y verdadero celo, y después a los religiosos movidos por celo sin ciencia.

CAPÍTULO I

A los seglares

 [Objeciones de los políticos]


[3] 1. Dicen los seglares que las Escuelas Pías perjudican a la República, porque el aumento de religiosos sustrae el pan a la república; puesto que no trabajan y viven del trabajo de los demás. Por lo cual, privan a la República de lo que ellos podrían producir y de lo que producen los demás.


[4] 2. Si la República ha de existir, necesita agricultores, artífices, soldados y siervos. Las Escuelas Pías la privan de esos elementos y de quienes los conservan, o al menos, los disminuyen, pues enseñando las letras a los pobres, a los villanos, y a los plebeyos, los apartan de los servicios y de la República y los inclinan a la clerecía, al monacato y a las carreras. Por lo cual, serán poquísimos los que 'trabajan por la República y habrá muchos más consumidores que productores, y en poco tiempo, sucumbirá la República como sucumbe la cabeza cuando se le priva de los pies y de los brazos.


[5] 3. Además, se alterará el orden de la República, puesto que los senadores y los patricios habrán de dedicarse al pastoreo, a la agricultura, al comercio y a los oficios, abandonando el gobierno de la República, o se dedicarán a él de mala gana y de una manera diferente, lo cual ocasiona mucho detrimento; por eso, la prudentísima República de China tiene establecido que nadie se dedique a otra actividad ni más ni menos noble, que la que ejercen los padres, a los cuales, suceden en el oficio y en la herencia. Así, no hacen nada mejor que lo que han aprendido de sus padres por la práctica, la afición que da la sucesión y no faltarán nunca a la República quienes ejerzan todas las artes.


[6] 4. Además, Aristóteles enseña (La Política, libro 1, c. VII) que en la sociedad hay que distinguir entre nobles y siervos, asignando a los nobles el sacerdocio, la milicia, el régimen de la ciudad; y a los siervos las artes, el comercio, la agricultura, etc... y no se consiente el tránsito de éstos a aquéllos, ni de aquéllos a éstos y dice que los nobles son capaces de la felicidad, mientras que los siervos no lo son; pero las Escuelas Pías enseñan las ciencias a los miserables y a los pobres, con lo cual se perturba la República y los que han de ser felices no lo serán.


[7] 5. Además, hay que suprimir de la sociedad todo lo inútil; las Escuelas Pías son inútiles, luego... Se prueba la menor. Es propio de su instituto enseñar la gramática y la doctrina cristiana; pero enseñan la doctrina cristiana las Órdenes de los monjes, los frailes y clérigos, los padres y las madres, y también los jesuitas tienen ese ministerio. Los jesuitas enseñan la gramática en todas partes; hay, también, maestros en los pueblos y en los municipios que enseñan la gramática a los nobles y a los plebeyos, etc. Luego las Escuelas Pías son superfluas y hay que suprimidas.


[8] 6. Además, aparecerá pronto otra Orden que enseñará la Medicina, otra el Derecho, otra la Milicia y así habrá más doctores que discípulos y los gramáticas, los médicos, los legistas, los procuradores habrán de mendigar, porque no podrán vivir de la profesión que han aprendido en esas escuelas.

 

Argumento general contra los seglares

[Cuerpo del artículo: argumento general contra los políticos]


[9] En contra de eso está el profeta Daniel, cap. 12, [v 4] que dice: Muchos lo recorrerán y aumentará el conocimiento; Isaías [11, 9]: Se llenará la tierra de la ciencia del Señor. Y Moisés [Núm 11, 29] quiso que fuesen doctos no solamente los nobles, sino todo el pueblo, pues celoso Josué porque algunos profetaban como Moisés, respondió éste: ¿Por qué estás celoso de mí?, pluguiera a Dios que todo el pueblo profetizara porque Dios les hubiere infundido su espíritu (que tantas y tantas veces se glorían de tener; pueblo erudito sobre todas las naciones). Es pues, la voluntad de Dios que la ciencia se imparta, no solamente a los nobles, sino a todos los pueblos.


[10] Es evidente que eso es utilísimo a la República, ya que la ciencia es perfección del alma y del género humano; luego, cuanto más se extienda, más se perfecciona y corresponderá más, y el mismo Aristóteles en el libro quinto Politicorum [La Política, libro V, cap. XI] llama tiranos a los que quieren tener un pueblo ignorante para hacer el mal impunemente sin ser reprendidos, por lo cual, la depravación de los trabajadores proviene de la falta de sabiduría ¿No pintará mejor un pintor que conoce las Matemáticas y otras ciencias que si sólo conoce la pintura? De la misma manera no cuida igual de la tierra un agricultor entendido que un ignorante, pues éste no conoce la naturaleza y las utilidades de la tierra, del aire y de las estrellas, el cultivo del campo, lo mismo que la índole y virtudes de las semillas, de las hierbas, y de las plantas; y según eso, los frutos nacen y se desarrollan mejor o peor. Por eso, los romanos, aun los nobles se dedicaron a la agricultura y a la producción de frutos y algunos de ellos se gloriaban de tener nombres de esos mismos frutos. Fabio se llamó así por el cultivo de las habas, los Léntulos, Camelias, Cicerón tenían el nombre de otros frutos, y del manejo del arado, pasaban al consulado y a la dictadura. Catón, Varrón, Columela y Virgilio escribieron sobre la agricultura, porque era más ventajoso a la República que los agricultores fuesen entendidos que ignorantes; lo mismo podemos decir de otros trabajadores. Si los navegantes son astrónomos, navegarán con mayor éxito. Si los albañiles, los zapateros, escultores, barberos y otros artífices conocen, por la ciencia, la materia en la cual trabajan sus clases, no contentándose con un conocimiento meramente empírico, tendremos obras mucho más perfectas y la vida será más agradable ¿No fueron sumos teólogos y sumos filósofos Abraham, Isaac y Jacob y los demás Patriarcas y se dedicaban al pastoreo, a la agricultura y a otros trabajos? Lo mismo sucedía en la República de Atenas, en donde los artesanos cultivaban las ciencias: Sócrates era hijo de una comadrona y de un escultor.


[11] Además, aparecen, a veces, ingenios preclaros y si la República los priva de la ciencia, se privará a sí misma de las grandes ventajas de la sabiduría; en la República de Florencia se cultivaban mejor las artes cuando los artesanos conocían las ciencias; como el peluquero Bartola, el sastre Gelio y los mismos siervos, comprenden mejor su oficio si conocen las letras que si no las conocen.


[12] Además, un pueblo erudito no tolera fácilmente la tiranía ni es engañado por los sofistas y herejes como el indocto; por eso se introdujo la idolatría en el mundo: Egipto fue ignorante por culpa de sus dirigentes y lo conducían a donde querían, como se conduce un buey con la cuerda, y por eso, creían que eran dioses no solamente los hombres, sino también los astros, los elementos, las piedras, las plantas, los ríos. Los tiranos fomentan la ignorancia de los pueblos para poder fácilmente hacer de ellos lo que quieran. Por lo tanto, conviene a los príncipes, a los pueblos y a toda la República, la extensión y divulgación de las ciencias como lo hacen las Escuelas Pías.

 


Se refutan, en particular, los argumentos aducidos por los seglares

[Refutación de los argumentos de los políticos]


[13] Al primero, se responde que el argumento no es sólo contra las Escuelas Pías, sino contra todos los monjes, frailes y clérigos, y tenemos la respuesta en Santo Tomás en el opúsculo Contra impugnantes religionem y en M. Agrippa, cuando el pueblo romano se separó de los Patricios en el Monte Sacro porque no trabajaban; les explicó la metáfora de los miembros que se sublevaron contra el vientre que parece ocioso y, sin embargo, trabaja mucho. La oración, la enseñanza, el ejemplo de los religiosos, son más provechosos que el trabajo del pueblo, que la ociosidad y aun que el trabajo de los artífices. Pero mucho menos puede alcanzar ese argumento a las Escuelas Pías que a las demás Ordenes religiosas, pues mendigan el pan y el vino, no tienen propiedad ni aun en común, por lo cual poco sustraen de la República y le dan mucho, pues enseñan las Letras y la Piedad. Los que tienen fincas, casas y riquezas, no solamente sacan de ellas la vida, sino también las rentas y los tributos. La República de Venecia no se levantó contra los capuchinos que diariamente mendigan, sino contra N. que aceptan fincas y lo hicieron por razones políticas, que, verdaderas o aparentes, no se pueden referir a las Escuelas Pías.


[14] Al segundo. No perjudican a la República los que cumplen lo que mandó la Sabiduría de Dios, que gobierna el mundo, y todas las Repúblicas, la cual dijo: Por mí reinan los reyes y los legisladores establecen lo justo [Prov 8, 15], Eso hacen las Escuelas Pías, pues dijo la Sabiduría (Lucas, 14 [v.12]): cuando des una comida una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos también a su vez te inviten y te sirva de recompensa. Sino que cuando hagas un convite, llama a los pobres, mancos, cojos, ciegos y serás dichoso. Al convite, que como dijo Salomón [Prov 9, 1-2] se edificó una casa, mezcló el vino y preparó la mesa, las Escuelas Pías llaman, sobre todo, a los pobres: Venid, comed mi pan, bebed mi vino que mezclé para vosotros [Prov 9, 5]. Ese Instituto es el Instituto de la Sabiduría de Dios; por eso, ha sido confirmado por su Vicario; que impartir las ciencias a los plebeyos no sea inútil, se ha probado en el cuerpo del artículo, ya que por ellas todos los servicios de la República resultan mejores. Juliano el Apóstata prohibió la ciencia a los cristianos como viles esclavos al servicio de la República: son sus imitadores los que pretenden destruir las Escuelas Pías.


[15] Además de que los plebeyos se elevan a un estado más noble, la República queda mejorada, lo que también consideró Maquiavelo, corifeo de los políticos, y aprueba la competencia de la plebe con los patricios: así, la República romana fue siempre progresando porque los plebeyos participaban de las funciones de los patricios; lo contrario pasó entre los florentinos, pues por esos pleitos, los patricios descendían a la condición de los plebeyos. Los estudiantes pobres, si son de índole egregia, son elevados al doctorado y a la clerecía y eso es justo y es bueno para la República y no solamente los nobles, de cabeza dura a veces, y deteriorados por la ociosidad, ocuparán los grados más altos de la República. Los que no tienen talento se dedicarán a las artes mucho mejor que los que no tienen letras, como antes se ha dicho.


[16] Al tercero. Al dedicarse los nobles a las artes, progresará la República como sucedió en la de Roma: cuando los nobles abandonaron las artes y se dedicaron a la vagancia, desmejoró mucho la República romana; el trabajo no impide el gobierno de la República, antes lo aumenta, ya que se trabaja por ella, como sucede con los padres de familia que trabajando han formado y aumentado el patrimonio familiar; lo aman más que los ociosos que viven de la herencia paterna. Además, ya dijimos que es justo que los mejores, según la naturaleza, sean preferidos a los mejores según la opinión, y son más útiles los plebeyos de buena índole natural, que los nobles obtusos o negligentes. El ejemplo de China no convence: ni la
República de Roma, la mejor de todas, ni las Repúblicas griegas tuvieron esas leyes, pues impiden que la naturaleza dé sus frutos entre los plebeyos como entre los nobles, y si se hubiese seguido esa práctica, no tendríamos un Sócrates, Pitágoras, Platón, Jenofonte, Catón, Varrón, Mario, Cicerón, etc., que salieron del pueblo. Ni los Apóstoles que fueron llamados de la pesca, ni los Profetas que lo fueron de las artes, de la agricultura y del pastoreo. Tampoco el faro luminoso San Carlos Borromeo, estando en gran peligro su Iglesia, la hubiera visto tan exuberante, si a pesar de la resistencia de los alumnos nobles, no hubiese enseñado a los pobres y villanos, en el primer seminario, desde los primeros elementos hasta las ciencias, y así enseñados, rigieron las parroquias de Milán y su diócesis. Vistos tan felices resultados erigirá otros seminarios para nobles, para plebeyos, o para todos juntos. Otros pastores de almas lo han imitado después, y consiguen, atestiguan y contemplan lo mismo.


[I7] Al cuarto. Con razones poderosas condenamos la República de Aristóteles en cuestiones políticas y está con más razón condenada en el cristianismo, según el cual, la felicidad no es para unos pocos, como quiere Aristóteles, sino para todos. Y Dios elige a los débiles del mundo para confundir a los fuertes, como dice San Pablo [ICor 1, 27]. Además, Aristóteles concede la felicidad sólo temporal y a pocos, como si el género humano estuviese dividido en especies, una de las cuales es capaz de bienestar y la otra no. Dios que formó todo el género humano de un solo hombre, como dice el Apóstol, ofrece a todos la felicidad eterna y afirma que los bienes temporales no bastan para la capacidad del alma humana; elige a los que trabajan en la pobreza, en las artes, con más esperanza de la victoria, ya que luchan más en este mundo. Además, es necio pensar que de los nobles buenos proceden siempre buenos y nobles y que de los no buenos y pobres no puedan nacer sabios y buenos; por lo cual, hay que reformarlos no por descendencia natural, sino tal como sean. Hay, pues, tránsito de unos y otros, y sea común la ciencia como común es la naturaleza y el mismo Dios.


[18] Al quinto. Negamos la menor y su prueba es falsa como hemos dicho al primer punto: pues si enseñan la doctrina cristiana otros religiosos, párrocos, padres, no lo hacen con la diligencia que exige el perfeccionamiento del género humano. Además, si no fueron superfluos los jesuitas que sólo se establecen y enseñan en ciudades populosas y sólo a los nobles, mucho menos superfluos son los religiosos de las Escuelas Pías, que enseñan a los niños pobres de las grandes ciudades y van a las villas y pueblos, contentos con el pan de cada día y casas reducidas para que puedan dar fruto en todas partes. Lo mismo digo al segundo punto acerca de la Gramática en las poblaciones pequeñas y para todos, y en las grandes para los pobres. Además, su ejemplo de renunciar a las comodidades es más provechoso que el de los que no las renuncian. Dios que acudió en auxilio de los clérigos negligentes con los monjes, y después con los frailes, ahora lo hace con las Órdenes de clérigos según la necesidad de la República, ya que la común fragilidad humana no permite a los primeros perseverar en la severidad, disciplina y diligencia primitivas.


[19] Al sexto. Es fácil la respuesta; pues como probamos en el libro De regimine Ecclesiae, estaría muy bien que los religiosos enseñaran la doctrina (o teoría) de todas las artes, no los maestros asalariados; pues se extienden a más cosas, las tratan con más propiedad, sin fraude ni dolo, quedando para los pueblos el ejercicio mecánico y para los religiosos el estudio especulativo de la enseñanza. Tampoco creemos que la enseñanza de la Medicina y de las Leyes tuviera que ser separada de los religiosos; pues antiguamente, en la Ley de Moisés y entre los gentiles, era oficio de los religiosos. Galeno afirma que los sacerdotes de Esculapio sanaban más enfermos que los médicos porque trataban las artes sin fraude y los enfermos les obedecían con más reverencia y les tenían más confianza, lo cual favorece mucho a la salud; de ahí, el primer aforismo de Hipócrates, conviene que los enfermeros, el médico y el enfermo cumplan cada uno con su deber y Avicena dice: La confianza en el buen médico sana al enfermo, pues, como probamos en el libro IV De sensu rerum, levanta las fuerzas de la naturaleza del enfermo contra la enfermedad. De la misma manera, si los religiosos fuesen peritos en las leyes para defender y no para acusar y fuesen defensores de los litigantes, los pleitos se ventilarían con más honradez, más fácilmente y con menos tiempo. Es eso evidente, porque en todas partes se echa mano de los religiosos hasta en las embajadas, y en todas partes se acude con más seguridad y con más gusto a la farmacopea de los religiosos y a los Hermanos de San Juan de Dios, que a los seglares. De la misma manera, si los jesuitas fuesen entendidos en Medicina, serían más útiles a la República que la sola asistencia mecánica que se presta a los enfermos. Ni será la República perjudicada porque pasen las artes a los religiosos, antes procurará los servicios de los mismos a los cuales los seglares califican de ociosos, y habrá en los pueblos muchos más que se dedicarán a las artes mecánicas, pasando a los religiosos la especulativa. Así dice Aristóteles que sucedía en Egipto, donde los sacerdotes vivían del erario público para que estudiasen y enseñasen las artes, y en todas las naciones de los dos hemisferios existe esa costumbre con los religiosos. Luego el Instituto de las Escuelas Pías es sumamente útil en cualquier parte de la República.

 

CAPÍTULO II

 A los religiosos

 [Objeciones de los religiosos]



[20] 1. Andan también murmurando contra las Escuelas Pías, diciendo que no solamente son superfluas, ya que los jesuitas enseñan la gramática, sino también son nefastas, porque los discípulos de los jesuitas se vuelven contumaces con la esperanza de pasar a las Escuelas Pías, si no los tratan como es su voluntad.


[21] 2. Además, los que empezaron por la gramática y la retórica, ascienden a la lógica y luego hasta las ciencias y así abandonan el primer instituto en bien de los pobres y de los pequeños, al querer enseñar las ciencias, lo que ya hacen los jesuitas; por lo cual se les debe obligar a que se contenten con la gramática, y no pasar más adelante; la ciencia hincha, la caridad edifica, como dice el Apóstol; y así parece que de la formación de los pobres pasan a la inflación de los mayores.


[22] 3. Además, no solamente se les debe obligar a enseñar sólo la gramática, sino también prohibirles estudiar las ciencias mayores, aunque no tuviesen que enseñarlas; por ser contra su instituto y porque si estudian las ciencias no podrán abstenerse de enseñarlas, sobre todo teniendo alumnos, según aquello de Job, 32, 18: Estoy lleno de palabras, mi soplo interior me insta; he aquí que mi interior está como vino sin escape, que revienta los odres nuevos. Hablaré para desahogarme.


[23] 4. Además sucederá con eso que se harán más negligentes en la enseñanza y en las atenciones a los pequeños: el que subió a las cosas altas no baja a las humildes, y si no pasa esto en un principio, ha de venir más tarde. Aceptarán fincas y posesiones, como sucedió a los franciscanos, cuya regla dice que no pueden poseer ni aun en común, ni usar de ellas por derecho, sino sólo de hecho, como se ve en las Bulas de Nicolás III, Clemente VI y Juan XXII, ya que no se puede a la vez dedicarse a conseguir lo necesario para la vida y enseñar. Por eso los jesuitas tienen el colegio rico y pobres las casas de los profesores y, como dicen ellos, con razón afirmó Aristóteles: primero hay que vivir y después filosofar.


[24] 5. Además, o serán elevados a las ciencias todos o ninguno; si todos, se seguirán los absurdos que se han dicho antes; si algunos, vendrá la emulación y la discordia entre ellos, puesto que los inferiores envidiarán a los superiores y éstos pretenderán dominar a aquéllos.
 

[25] 6. Además, algunos se quejan de que los maestros de las Escuelas Pías oyen confesiones, predican al pueblo y fundan congregaciones y eso impide mucho más el beneficio de los pobres y aumentará la superficialidad de las funciones a que se dedican continuamente otros regulares y doctores y será para ellos ocasión de ociosidad, como sucedió con los monjes desde la aparición de los frailes.


[26] 7. Además, está prohibido, aun a los dominicos, en la segunda parte de las Constituciones, el estudio de los libros de los filósofos y doctrinas de los gentiles y lo mismo establece el Concilio de Letrán bajo el pontificado de Julio II, porque tienen, dice, las raíces infectas. Del estudio de esos libros dimanaron muchos errores que condenó la Academia de París. Por lo tanto, los miembros de las Escuelas Pías se han de abstener del estudio de esas doctrinas; les bastaría la lectura de los sagrados cánones y de algún libro moral, como hacen los camaldulenses, cartujos, jesuitas y los Hermanos de San Juan de Dios.



Argumento general contra los religiosos

[Cuerpo del artículo: argumento general contra los religiosos]


[27] Por el contrario, dice el libro de los Proverbios, 9, 1: La sabiduría se edificó una casa, etc., e invitó a las criadas a la fortaleza. Además San Pablo dice a los colosenses: Pedimos que alcancéis el pleno conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual, a fin de que sigáis una conducta digna del Señor, puesta la mirada en agradarle enteramente, fructificando en toda obra buena y creciendo en el conocimiento de Dios. El Eclesiástico: El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas; v. 8: Uno es el Altísimo. .. el que la creó en el Espíritu Santo, la vio, la contó, la midió, la derramó sobre todas sus obras y sobre toda carne según su don y proveyó de ella a los que le aman. Lo mismo dice Malaquías en el capítulo segundo, Isaías en el quinto, y no hay libro de la Escritura en el que no se recomiende la ciencia de todas las cosas por las cuales se conoce y se llega a Dios máximo, sapientísimo, óptimo fin nuestro. Las cosas invisibles, Dios -dice el Apóstol, Romanos [1, 20]- se conocen por las cosas creadas.


[28] Además, todo el libro de la Sabiduría está dedicado a predicar e inculcar el estudio de la sabiduría de cualquier género que sea, sobre todo el capítulo ocho que dice: Si es mucha la sabiduría que uno desea, ella sabe las cosas antiguas y adivina las venideras, conoce los giros del lenguaje y las soluciones de los enigmas, determina con previsión las señales y los portentos y los desenlaces de los tiempos y de las épocas. Y poco antes dice: A nadie ama Dios, sino al que cohabita con la Sabiduría; y además (Eclesias. 3): Los hijos de la Sabiduría son congregación de justos. Por todo lo cual, no solamente no hay que escuchar sino que hay que abominar de aquellos que prohíben o juzgan inútil el estudio de las ciencias, no sólo para la República sino a los hombres en particular. Y no digan que la Sabiduría sólo recomienda la lectura de la Sagrada Escritura, pues recomienda también la historia, la lógica, la política, la astronomía y la filosofía. San Jerónimo en el prólogo Bibliar, más de una vez las manda y enumera una por una las ciencias más útiles. Además, Jesucristo es la Sabiduría de Dios por esencia y todas las ciencias son esplendores de Jesucristo, el Verbo de Dios, como lo dice el Eclesiástico. Luego el que es contrario a la ciencia es contrario a Jesucristo. Además, el hombre es animal racional por participación de la razón primera, que es Cristo después de la Encarnación, y toda ciencia es obra y perfección de la razón. Es, pues, natural al hombre desear las ciencias y poseerlas, como suma perfección, por eso Aristóteles empieza la Metafísica diciendo: Todo hombre desea naturalmente saber.


[29] Además, es evidente que todas las naciones y todas las sectas hacen consistir la perfección del entendimiento humano en la sabiduría: los estoicos dicen que la virtud es una partícula de la ciencia de Dios; nuestros teólogos ponen y hacen consistir la felicidad en la ciencia de la visión de Dios. Por tanto, aquellos que limitan la ciencia a otros, quieren que sean imperfectos, privados de la felicidad e incapaces de conseguirla. Además Aristóteles (La Política, lib. 1, c. VII) priva de la filosofía a los agricultores y demás trabajadores mecánicos, como esclavos de la República, lo cual no es solamente cruel, sino impío y bestial, porque rebaja, abate, deja en las tinieblas el género humano y lo reduce a la condición de las bestias. De todo lo cual hay que concluir que los miembros y los preceptores de las Escuelas Pías pueden adquirir todas las ciencias, enseñarlas y difundirlas: también ellos son de la Iglesia de los justos e hijos de la Sabiduría, y no es propio de la caridad envidiar a nadie, como dice Salomón, sino aquél que habita en la Sabiduría. No hay ningún pretexto ni excusa alguna que dé motivo para prohibirles el estudio de las ciencias que no sean contra Cristo, Sabiduría de Dios.

[30] Además, quien da las ciencias inferiores sin conocer las superiores, no las dará con la suficiente claridad ni perfección. Si no está impuesto en la sabiduría superior, que es la teología, se pueden producir errores, como en Erasmo de Rotterdam, Lorenzo Valla, Felipe Melanchton, y otros muchos eruditísimos en las lenguas y en la gramática, que, estudiando gramaticalmente la ciencia divina, propagaron herejías y errores; por eso Orígenes rechazó la ciencia profana de los gramáticos, llamada por las sagradas letras Cáliz de Babilonia (Jr 51, 7], en el cual los charlatanes, fingiendo sabiduría, daban a beber sofisticadamente al pueblo verdaderas abominaciones. Por eso los herejes consumen más tiempo en la gramática y en la retórica que en la filosofía, pues el pueblo rudo no escudriña nunca el secreto de la verdad, sino que se queda en la corteza y vestido exterior; por eso los reyes se visten de oro y de púrpura para causar admiración a la plebe y ocultar los propios defectos, y así el vestido brillante y áureo engaña. Hay que limpiar la copa por dentro, dice el Señor, y hemos de servir al pueblo de Dios el agua pura de la sabiduría saludable y aun la misma fuente de agua viva, no la de cisternas agrietadas.


[31] Se estima, pues, que si los preceptores de las Escuelas Pías pueden adoptan formas gramaticales elegantes, retóricas y poéticas, pues no prohibimos el lenguaje bello, ya que San Crisóstomo, San Ambrosio, San Jerónimo tuvieron en eso especial cuidado, creemos que más deben conocer las ciencias superiores, sin excluir la teología. Ni deben desconocer las ciencias sin las cuales no podrán estudiar sin dificultades y sin errores la sabiduría primera, que es la propia de los religiosos, pues no en vano invita a las siervas a la fortaleza. Hay que acallar, pues, las murmuraciones de los religiosos, como lo hizo Santo Tomás cuando los frailes eran acusados del mismo pecado. Y es preferible el descuido en la elegancia del lenguaje que en el estudio y la competencia de las ciencias; como San Pablo contesta a Séneca en la epístola 2 Corintios, capítulo 2, [17]: Si bien inculto en la palabra, mas no en la ciencia.


Refutación en particular los argumentos aducidos por los religiosos

[Respuesta a las objeciones de los religiosos]


[32] Al primero se responde que las Escuelas Pías no pueden presentar ningún inconveniente ni perjuicio a los jesuitas. Pues si los jesuitas tratan doctamente y bien a sus alumnos, no han de tener disensión alguna. Si hay algunos que encuentran sus reglas fastidiosas, es justo y útil a la República que haya escuelas en las cuales puedan aprender sin fastidio y así resultan éstas útiles a la Iglesia. No porque los monjes cultivaban bien la viña del Señor, no debieron sucederles los frailes. Ni los franciscanos molestan a los dominicos, ni los carmelitas entre sí, ni a los demás; sino que todos, según el precepto de San Pablo, codiciad los carismas más excelentes, y cumpliendo cada uno con su oficio, aprovechan a la Iglesia que es una reina
rodeada de cosas variadas, como muchos miembros de un mismo cuerpo, según dice el Apóstol. Ni se sigue inconveniente de que los jesuitas y las Escuelas Pías enseñen la gramática, pues en el cuerpo hay dos manos, dos ojos, dos oídos, que llenan el mismo oficio con más perfección que si hubiere un solo miembro para cada función; hay, pues, muchos Obispos, muchas Órdenes religiosas distribuidas por muchas regiones: los jesuitas sólo en las ciudades grandes y para los estudiantes mayores; las Escuelas Pías también en los pueblos y para los pobres y así a nadie y en ninguna parte faltan los debidos auxilios.


[33] Al segundo se ha contestado en el cuerpo del artículo; pues los que sean nada más que gramáticas no pueden ser doctores idóneos del pueblo cristiano, si no poseen otras ciencias, sobre todo la teología, para que puedan enseñar las primeras ciencias más fácilmente sin los errores en que tanto abundan Erasmo, Valla, Melanchton y otros ayunos de las ciencias. Si alguna vez llegan (las Escuelas Pías) a la Lógica y a otras ciencias no se sigue inconveniente, antes prestarán mayores y más amplios beneficios a la República, sobre todo donde los jesuitas y demás Órdenes religiosas no enseñan esas ciencias. Y hay que tener la seguridad de que no se descuidarán a los pobres; pues lo tienen por su instituto y Regla de la propia Religión, como se ve en las Constituciones. Es en ellos esencial la enseñanza de los pobres, no accidental, como en los jesuitas, la enseñanza de los niños. No abandonarán ese ministerio sino que lo aumentarán con nuevos trabajos en beneficio de los pobres. Ni las ciencias hincharán las Escuelas Pías: es la caridad la que las propaga y trabajan por caridad, según las leyes, de manera que aumentan la caridad y la ciencia al dedicarse a las ciencias superiores y amplían más sus funciones.


[34] Al tercero se responde que no es contra su instituto ascender a las ciencias superiores como se ve en sus Constituciones aprobadas por el Sumo Pontífice (II parte, cap. X). Sería contra el derecho natural y divino como se ha probado en otro artículo. También contra los cánones de los Concilios y de los Pontífices, pues en el Concilio de Letrán, en el pontificado de León X, sesión octava, se prohíbe terminantemente y bajo la pena de la indignación del Dios Omnipotente que los ordenados in sacris, tanto seculares como regulares, dejen de estudiar Teología o Derecho Pontificio después del quinquenio de letras humanas. He aquí sus palabras: Sin que nadie ose oponerse una Constitución tan saludable, ordenamos y establecemos que, en adelante, ningún ordenado in sacris, sea secular regular u otro que por el derecho esté con ellos en los estudios generales en otro estudio público, se dedique a la filosofía a la poesía después del quinquenio de la gramática y de la dialéctica sin algún estudio de la teología del derecho pontificio. Terminado dicho quinquenio, sea libre de dedicarse a esos estudios que a la vez separadamente estudie la Teología los Sagrados Cánones: con estas santas y útiles doctrinas podrían los sacerdotes del Señor purificar y sanar las raíces infectas de la filosofía y de la poesía. Mandamos en virtud de santa obediencia que estos cánones sean publicados todos los años al principio del curso en todos los estudios generales por medio de los ordinarios del lugar y rectores de la Universidad. A nadie en absoluto le sea permitido infringir temerariamente, contradecir a esta nuestra condenación, reprobación, definición, prohibición, decreto, ordenación, estatuto y mandato: si alguien lo intentare, sepa que incurrirá en la indignación del Dios Omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo. Esas son las palabras del decreto de León X en el Concilio de Letrán.
 

[35] Y como la ocupación de los Padres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías está centrada casi toda ella en la enseñanza de los niños de tales estudios de las letras humanas y en ellas trabajan casi todos los maestros, todos los Superiores de la Orden deben procurar el cumplimiento de la constitución tan saludable y necesaria del Sumo Pontífice sobre el estudio de la teología y de los agrados cánones, después del quinquenio de la gramática y de la poesía; no han de temer que nadie ni nunca los censure por eso, antes al contrario han de esperar las alabanzas y el apoyo de los hombres más sabios y óptimos. Si hay alguno que malvadamente los reprenda, no es fácil que sea bueno, hay que tenerlo como adversario de la verdad e integridad cristiana; hay que abominarlo como taimado perverso, fautor de insidias, que infiltra la perversidad humana en la juventud cristiana; hay que repelerlo como rebelde a la Cátedra Pontificia y echarlo fuera completamente.


[36] Si se cree que han de enseñar las ciencias aprendidas, porque no se puede retener la idea concebida, digo que basta con que se enseñen mutuamente, como San Jerónimo dice a San Agustín: Tú eres obispo celebérrimo en la Iglesia: a mi me basta conversar con un clérigo en un rincón. También los monjes que no enseñaban públicamente, hablaban de todas las ciencias como dicen San Beda, San Bernardo y San Anselmo, ejerciendo este ministerio entre los monjes; y si se permitía a los eremitas, mucho más a los miembros de las Escuelas Pías. Además, lo que se duda y se quiere evitar como malo, todos los doctores dicen que es bueno, especialmente Santo Tomás en el libro Contra impugnantes religionem, y San Juan Crisóstomo, escribiendo a los monjes de Antioquía, se lamentaba de que aprovechasen a sí solos y no fuesen a la ciudad para guiar a los pueblos con el ejemplo y la doctrina, y no habían aprendido las ciencias en los monasterios para guardarlas, sino para propagarlas, como dice el Eclesiástico 39 [6 y 22]: Hará llover las palabras de su sabiduría y Moisés en su cántico: Caiga como lluvia mi doctrina gota a gota y destile mi palabra como el rocío.


[37] Al cuarto, se niega el consecuente; la prueba no vale: el que sube a lo alto no desprecia las cosas humildes si no es soberbio; si es piadoso las atenderá mucho más, imitando a Dios, como dice el Salmo 138 [v. 6]: El Dios excelso mira las cosas humildes, y, aunque uno que otro maestro de las Escuelas Pías se ensoberbeciere, no podría despreciar a los pobres, pues por su instituto está obligado a su cuidado. La comunidad de sus hermanos no permitirá nunca que el soberbio proceda por soberbia y que solamente él omita lo que la Regla y costumbre universal manda, sino que le obligará a cumplir con su deber y, si ese soberbio no da frutos para sí, los dará para la comunidad y para los pobres. Dice también el Apóstol: Algunos predican a Cristo por caridad, otros lo hacen imaginando suscitar aflicción a mis prisiones; pero, sea por pretexto, sea con verdad, Cristo es anunciado y de ello me gozo y me gozaré siempre (Filip. 1,18). Lo que se añade que quizás admitirán fincas y dinero, y que hay que proveerse antes que filosofar, como sucede con los franciscanos y con los jesuitas, lo niegan los mismos fundadores de las Escuelas Pías en sus Constituciones; profesan pobreza con diligencia, juramento y voto solemne para no apartarse nunca de la pobreza primitiva y, si alguno atentara secretamente contra ellos, estará sujeto a penas él y el que no denunció su intención, de lo cual podemos dar fe teniendo a la vista el ejemplo de los franciscanos y de los jesuitas, que son religiosos aun con fincas, y muy útiles al pueblo cristiano, aunque no han tomado tales cautelas al no creerlas necesarias.


[38] Además, quizá sea verdad lo que decía Aristóteles de que primero hay que proveerse y después filosofar, lo que, sin embargo, detestan todos los filósofos, los Estoicos, los Pitagóricos, los Gimnosofistas y hasta Demócrito, padre de los Epicúreos, echó las riquezas al río como onerosas para la sabiduría, lo que hizo también Crates. Pero Aristóteles se refería a los laicos, no a los religiosos, a los cuales la República proporciona el sustento diario. Él mismo dice que en Egipto los sacerdotes vivían así para que pudiesen investigar y enseñar las ciencias, y así se hace en el Nuevo Hemisferio, y Cristo dijo: Mirad las aves del cielo que no siembran, y mi Padre celestial las alimenta, etc. Por lo cual, tonta, ridícula y aun impíamente se junta el consejo de Aristóteles con el consejo de Cristo.

 

 [39] Al quinto: también en las demás religiones unos están más altos que otros en las doctrinas y no hay por eso discusiones ni discordias entre ellos, pues se ocupan todos según su capacidad; pues, como dice el Apóstol, no hay discusiones entre los miembros porque el ojo vea, el pie ande, y no vea, etc.; cada uno es bueno para su función, como en la República hay diversos órdenes en la misma ciudad, como agricultores, artífices, soldados, etc.


[40] Al sexto: no hay ningún inconveniente en que los profesores de las Escuelas Pías prediquen al pueblo y oigan confesiones: no está prohibido por su instituto y lo recomienda la ley de Dios. Tampoco se descuida el bien de los niños: no se enseña a los niños y al pueblo al mismo tiempo, no se dedican a ello los mismos hermanos, ni lo hacen a la vez. No porque otros Regulares ejerzan el mismo ministerio están de sobra los profesores de las Escuelas Pías: no son varios los que instruyen la misma persona; los primeros serán sustituidos por otros si los hay que se dedican al mismo ministerio, como los monjes después de la aparición de los frailes: no tenían aquéllos el cargo de enseñar siempre, como lo tienen estos frailes, y no porque otros dejen de hacer el bien, hemos de dejar de empezar a hacerla, como dice San Ireneo. No crea Dios a los hombres para que sean condenados por sí mismos o por los otros; sino que el mal de otros no debe destruir el bien nuestro; lo que les perjudica no es la ocasión que se da, sino la que se toma; nos basta no dar otra ocasión que la de hacer el bien.

[41] Al séptimo se responde que es verdad que la doctrina de los gentiles tiene las raíces infectas, como dice el Concilio de Letrán, y da ocasión a muchos cristianos de caer en error y no aprovechar, porque no saben elegir el bien y rechazar el mal, como dice San Basilio en el opúsculo De legendis libris Gentilium, y San Agustín en el de La ciudad de Dios, Pero estas Escuelas se llaman Pías porque profesan elegir y enseñar las doctrinas de las Sagradas Escrituras y de los Santos Padres; no se han manchado ni se mancharán con el cáliz de Babilonia. Se esfuerzan en no enseñar nada que no sea piadoso y no les basta la lectura de libros morales, como a los jesuitas y a otros que no se dedican a la ciencia especulativa. Esos no se han establecido para enseñar al pueblo, como los profesores de las Escuelas Pías, que por este oficio están obligados a poseer las ciencias metódica y dogmáticamente, no a modo de idiotas, y con ello pueden instruir al pueblo de Dios con prudencia, utilidad y sin errores; se dedican a su instituto de tal manera que parecen nacidos sólo para él; forman piadosamente a los niños en el temor de Dios y en sus escuelas; no buscan bailarines ni óptimos jinetes o gladiadores, como confiesan algunos, y es patente.

 

 

FUENTES
Ephemerides Calasanctianae (Romae) 4 (jul.-ag. 1932)170-177; 5 (sept.-oct. 1932) 217-223; 6 (nov.-dic. 1932) 258-263. Existe Separata: CAMPANELLA O.P., Th.: Liber Apologeticus contra impugnantes Institutum Scolarum Piarum, excerptum ex Ephemeridibus Calasanctianis, ano 1932, n. 4, 5, 6, Romae, apud Curiam Generalitiam - PP. Seolopi di S. Pantaleo, 1932, pp. 23.

Parva Bibliatheca calasanctiana (Roma) 1 (1932) 1-23.

Rassegna di Storia e Bibliografia scolopica (Roma) XI-XII (1942) 229-243.


BIBLIOGRAFÍA
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PICANYOL, L.: Le Scuale Pie e Galileo Galilei, Roma, PP. Scolopi di S. Pantaleo, 1942, pp. 229-239.

Ricerche: 'L'umile presenza delle Scuole Pie nella vicenda umana di Tommaso Campanella", en Ricerche (Florencia) 6 (1982) 147-169.

SÁNTHA, G.: San José de Calasanz. Su obra. Escritos (Madrid, BAC, 1956) pp. 721-739.

VILÁ PALÁ, C.: "¿Influencia de Campanella en la pedagogía calasancia?", en Suplemento de Revista Calasancia (Madrid) 1 (1959) 7-45.